jueves, 7 de mayo de 2009

TERCERA PARTE LA PACHUEQUEZ BIEN ENTENDIDA Por: Isaac David Pérez Rodríguez


Llegamos a Guadalajara en la mañana, los recién despiertos se hacían las preguntas del forastero que llega a un nuevo destino; pues bien, los tres insomnes veníamos con muy buen humor, a pesar de lo que todos pensaron, seguíamos riendo desde la luna pasada, donairosos, mientras ellos habían pasado un buen sueño.
Directamente fuimos al Club a comprar los boletos de entrada, pero al último momento, como siempre, decidimos que primero debíamos desayunar, tal vez unas garnachas, o quizá una torta ahogada; terminamos despachándonos unos buenos tacos de los que se comen en todos lados. Era el lugar más cercano a un Oxxo, lo que significa más cheves, lo que significa diversión, lo que significa unidad entre los ocho, no es que no seamos unidos, lo que pasa es que nunca hemos estado sobrios cuando nos vemos, y sería demasiado extraño entrar al Zero Fest sin otra ronda de varias rondas de tragos; además apenas era medio día y el sol ya brillaba con toda intensidad quemando la bella piel de las chicas tapatías que vestían ropas holgadas, shorts que acentuaban sus piernas y hacían más estéticas sus caderas, lo que me habían dicho de este lugar estaba confirmado.

Si siempre presentí lo bueno que sería esta aventura, me quedó claro cuando compramos los boletos de más de cuatrocientos pesos en doscientos cincuenta y hasta doscientos pesos, lo que nos garantizaba un mayor parque de alcohol y hasta de una que otra botana. Así fue, desde que entramos procuramos abastecer a la manada, aunque en los escenarios apenas empezaban las primeras bandas nosotros estábamos apenas en nuestra tercera borrachera, a excepción de mi hermano quien ya estaba crudeando la cuarta. Mientras estaban los retenes de seguridad (aún no entiendo el porqué piensan que vas a meter una pistola o a tu mascota, por favor.) habían unas chicas que eran parte del escuadrón de enfermería inyectando a diestra y siniestra, a jóvenes y a doncellas, claro había quienes no se dejaban, quedando expuestos a la rubéola. Como me hubiera gustado inyectar yo a tanta muchacha.

Definitivamente estaba decidido a conseguir, si no una declaración de amor como ya dije antes, al menos un beso, o un apretón de manos, o de pechos, o un paseo por una linda cadera, lo que sea pero estaba claro para mí que tenía que hacerlo, algo muy dentro de mí me obligaba, me persuadía, me decía que este era el único día que podría hacer algo así. El aire en Guadalajara se sentía diferente, al igual que el sol y la gente, hasta me pareció que las nubes eran diferentes en cuanto a su textura normal. Verdaderamente estaba muy contento de estar ahí, Ximena Sariñana me puso de tan buen humor que me motivó a forjar y a comprar otra cerveza para compartir. Aunque el sol era muy ardiente la levedad se dejaba sentir en todo mi cuerpo, lo que provocaba que hasta el sol me pareciera liviano, por eso es que no me sentía acalorado ni bochornoso, seguramente si Carlos me hubiera acompañado hasta acá ya estaría diciendo una de las frases que lo llevarán a la perpetuidad: la famosa “prrrr, ya me dio calor…”. Sariñana cumplió con mis expectativas dejándome un grato sabor de boca. Mi hermano había cumplido las suyas al superar el estado de borracho, realmente se estaba comportando como todo un profesional, lo que me dio mucho gusto, pues ya había logrado poner igual de pedo a Miguel Perrito a quien le llevaba de por sí una ventaja muy grande.

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“Yo te diré lo que debemos hacer”...cita la canción… Vayamos por unas cheves pa' quitarnos el calor de una vez... cómo ves…canto yo y nos alejamos del escenario para encontrarnos con Miguel Perrito y Jaimico sometidos a un estado catatónico; sus caras denotaban la dura batalla que estaban librando con el ejercito del alcohol, era claro que ya habían perdido el frente y ahora se encontraban atrincherados, esperando que el enemigo se apoderé de su reino. Justo entonces, me empecé a dar cuenta de la belleza tan singular que tienen las tapatías, cientos de mujeres pululan el terreno contoneando sus hermosas caderas, dejando su olor por doquier, invitando a los hombres a que intenten siquiera, acercárseles; eran como miles de hermosas flores a través de un gran desierto, multicolores y multiformes; así se veía el terreno donde ahora yo me sentía como un insecto que necesita el polen de aquellas flores, que solo salen en primavera. En lo particular, moría de deseo por llegar con una de ellas e intentar arrancarle una sonrisa, un gesto que me demuestre que no son invencibles, un pestañeo que me indique que es el momento de actuar, pero este cuento no es así y mi encuentro con una tapatía se dio de una manera totalmente distinta… Tal vez si fuera el de Miranda! Estaría rodeado de hermosas mujeres, lo malo es que sería gay, ese pensamiento me aborda en el instante en que me comentan que Jaimico y Miguel Perrito están robando cervezas en la carpas de abastecimiento liquido, me da gusto pues ya me sentía un poco seco. Ávido de beber algo les arrebaté una cerveza y de un solo trago acabé con aquel elixir, ya estaba deshidratándome, mis labios empezaban a formar masilla por la resequedad que la mandioca me había ocasionado y beber entero ese vaso me revitalizó por completo. Los dos bribones me contaron su hazaña, asemejábase al cuento de Robin Hood, pues le robaban a los dueños del poder , para darnos, a los desgraciados, un fragmento de felicidad, un litro de carcajadas, un sorbo de rica y espumosa cerveza.