jueves, 4 de junio de 2009

PARTE V: LA PACHEQUEZ BIEN ENTENDIDA

Por culpa de la astenia no hablaré de lo que sucedió cuando tocó Zoé, además ya todos saben como es la onda. Discúlpenme. Diez minutos y los marsvoltianos aparecen. Toño mira segundo a segundo su reloj. Va y viene gente. Con comida. Con alcohol. Tapatías fulgurantes esparcidas por el terreno. Cadenciosas. Multicolores. La luna apartando nubes nos da su saludo. Mi hermano perdido bajo el manto negro. Tal vez dormido. Aullidos. Griterío constante. Con suerte estamos hasta adelante. Toñito se emociona con disimulo. Ahora cuenta tres minutos. Desesperación. Ansiedad. Risas. Pero lo que más abunda son mujeres, y yo que venía de abstemio. Al carajo. Lo bueno que siempre cargo unos dados para las decisiones difíciles. Un porro con Mars Volta. Un porro con Toño y Mars Volta. Un porro con ella y Mars Volta. El azar es el azar.

Pues salí ganando. Fumamos un poco los tres. Comenzó el viaje marsvoltiano y con él los remolinos, los huracanes que produce la gente en su sopor. Tanto ir y venir me aleja de Toño. Me dejo llevar por la intensidad. Ya no existen estructuras posibles, pareciera que todo se sostiene en un gran castillo de naipes. Busco campos en los cuales pueda ser libre, incluso libres de mi mismo, Omar y Cedric me reinterpretan y me muestran un pedazo de esa libertad. Ahora estoy exactamente atrás de ella, ahora es tangible, mi respiración esta tan cerca de su cuello que puedo ver como se erizan sus vellos más finos. Vienen amigas y amigos con ella, dos a mi izquierda, dos a mi derecha. De algún modo logran alejarme de ella, y me miran como se mira a un chilango. Otra vez el nombre es lo menos importante, aquí, donde solo es un pasaje fugaz entre tantos otros, un instante de insana locura, un efímero pedazo de felicidad; jamás la volveré a ver. Me acerco de nuevo, al ritmo de Omar Rodríguez, logro divisar a Toño otra vez con movimientos de serpiente. Simulo un empujón y me establezco rozando sus caderas. Me mal miran. Hago los clásicos movimientos de un concierto y entre tanto disimulo mi mano se instala en la cadera perniciosa que me aguarda con un movimiento ondulante. Me acerco a su oído y respiro con tal intensidad que voltea su rostro para saber quien le causo tal regocijo. Le sonrío, por alguna razón no se ofende ni mucho menos se siente acosada, al contrario, poco a poco empieza a flirtear conmigo, acomoda sus caderas de tal forma que roza mi sexo, que ya empieza ponerse duro con el roce de aquel cuerpo desconocido. Ella lo siente y no se inmuta sino que voltea de nuevo y me sonríe con un aire de complicidad. Se frota, se mueve al ritmo de “Roulette dares”, otra vez el movimiento ondular de la gente me aleja. Se da cuenta que me separé y voltea disimuladamente como quien se desorienta en medio de una ciudad desconocida y busca desesperadamente tranquila un letrero, un indicio que le diga que no está perdida. Otra vez llego atrás de ella, sus amigos un poco fatigados dejan que haga lo que quiera. Ella no tiene problema en aceptarlo.

Resuena “Wax Simulacra” en mis oídos. Jamás había sentido esta sensación de quedarse en un instante para siempre, esta sensación de existir en la no existencia, saxofones resoplando, batería explotando, platillos explotando, guitarras reverberando, estruendos, la pachequez llevada al plano musical, una sinfonía de ruido, es música para mí, tan solo ruido para los demás ahora más que nunca me siento eufórico, complacido. Mis manos, puestas en su cadera se mueven a un ritmo vertiginoso, recorriendo toda la planicie que forma su piel, de norte a sur, de este a oeste. Sintiendo al mismo tiempo el estupor que me causa la música de fondo; pegándola hacía mi cada vez un poco más, diciéndole con el movimiento corporal lo excitado que estoy, y lo poco razonable que ahora soy. Su respuesta es más que genial, pues, con los efectos de la droga en su mente y lo poco habituada que esta a consumirla, ahora es una vorágine de vibraciones, palpitaciones estremecedoras, una terminación nerviosa en su totalidad. Entonces entra” Goliat” al mismo tiempo que ella entra al juego y toma mi mano y con ella recorre su cuerpo, la aprieta cuando llega a uno de sus pechos, los acaricia, con uno de mis dedos roza su pezón hinchado, me lo imagino un café claro. La otra mano, mientras tanto recorre su pubis, claro no en su totalidad puesto que ella quiere que sea así, por mi no hay problema. Poso mi mano en una de sus nalgas y ella me toma del centro del cuerpo y me aprieta con tanta fuerza que temo que le corte la sangre, se maneja de una manera cadenciosa, ahora su respiración estalla en mi oído a una velocidad anormal; en su agitada cara puedo ver los signos del éxtasis. Ahora quisiera darle de lo que tengo yo, la aprieto y me aproximo hacia ella con una ferocidad tremulante. Resiste el embate pero me advierte que lo haga de nuevo. Una y otra vez es lo mismo, en cada acorde, en cada aplauso nos volvemos totalmente erógenos, ya no nos despegamos por más insistencia que hagan sus amigos. El mío, no hace problema, ahora esta completamente loco y desatado, casi puedo ver como despega sus pies del suelo, levitando, no les digo que es el fan más cabrón que conozco, pues bueno, mientras yo sigo jugueteando con ella, él canta cada uno de los versos. Simula tocar la guitarra. Hace los movimientos propios de un saxofonista. Se autonombra Toño-Cedric. Grita. Mucha gente lo ve raro y no porque sea tan fan, lo ven raro porque parece extranjero, sus ojos rasgados hacen que se adueñe del gentilicio de Vietnam. Al escribir este cuento, él tenía una invitación por parte de la embajada de China en México para hacer de voluntario en sus juegos de verano. Bueno, la verdad eso nunca pasó, exageré un poco, es que todos los días debe lidiar con comentarios de ese tipo. De regreso a mi encuentro, la chica sin nombre, exhausta porque seguramente esto es nuevo para ella, me pide unos minutos para descansar y encontrar el rumbo de su conciencia pedida desde hace ya un rato. También yo tomo aire, pues la jornada de por si ha sido extenuante. Pasa un cervecero y le pido una. Dos tragos y llega a la mitad. Vaya que tenía sed. Me pregunto qué será de Jaimico, también estará disfrutando de esta experiencia inolvidable, o quizá ya esté totalmente aldehído. Qué será de los demás. De repente siento nostalgia por saber en que ocuparan este momento tan grato. Despreocúpate, seguro lo pasan bien, relájate. Mientras mi mente cavila estas palabras, Mars volta tiene extasiados a todos los presentes, realmente están dejando un grato sabor de boca en toda la gente, todo se convierte en una especie de comunión, claro hay quienes se la pasan gritando pendejadas como: ya bájate! Y mamadas de esas. Me doy cuenta el porque son progresivos, porque avanza, evoluciona, no se detienen ni conocen limites ni fronteras; baste escuchar este show para acceder al viaje sin retorno. En ese momento se acerca ella y disimuladamente se posa frente a mí, esperando que yo me acerque a ella con la dureza de hace un rato.
Apenas le he visto la cara, pero su respiración y sus formas me cautivan de tal forma que enseguida me pego de nuevo con una erección demasiado firme. Ella lo siente y suelta un sonrisa, una más de las que ha soltado disfrutando de la firmeza de mi sexo, regocijándose en los goznes del placer con un extraño. Ahora ella es la que hace los movimientos, ondulados, de atrás hacia adelante, arriba y abajo. Yo sólo disfruto, es un placer sumamente extraño pero que no por eso me desagrada, lo que me gusta es que somos cómplices sin saber lo que pasa en realidad, sin hablar de complicidad, no quiero que acabe The Mars Volta, puesto que será el fin inminente de este encuentro casual. Por eso lo disfruto tanto, llego a su oído y le digo de las ganas que tengo de eyacular y entonces ella se mueve frenéticamente tratando de que lo haga mientras se frota. Me agarra las nalgas y me aprieta contra ella de una forma más que fuerte, incluso siento como hace un esfuerzo mayor para mantenerme ahí, atrás de ella.

ALGUNOS POEMAS DE UNO DE MIS ESCRITORES MEXICANOS FAVORITOS: JOSÉ EMILIO PACHECO

INDESEABLE

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.

LA FLECHA

No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada


MEMORIA

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

PARTE IV: LA PACHEQUEZ BIEN ENTENDIDA


De todo los que venimos, soy el único al que le gusta la comúnmente llamada mota, pero también hay a quienes les gusta de vez en cuando, uno de ellos es Toño, mira que saco un poco e inmediatamente se me acerca, ya conocen el protocolo. De repente se acerca Moy con toda la calma de un yonqui profesional y me estira la mano. Sorprendido, pues Moy no es de las personas que te piden eso, volteo a ver a Toño, quien sorprendido voltea a ver a Bruno, quien a su vez más estupefacto voltea a ver a Tecate, quien riéndose asombrado voltea a ver a Jaimico, pero lastima, Jaimico y Miguel Perrito ya están totalmente dormidos, out. Se pierden la estoica acción de Moy, quien le da bocanadas al cigarrillo; tres veces y considera que es suficiente, se me acerca Toño y me cuchichea al oído, alcanzó a escuchar que no le de de fumar, pues no está habituado; pero Moy se ve tan feliz que no pronuncio palabra y dejo que el río fluya. Diez minutos después una plasta viscosa cae al suelo exactamente cuando los acordes de la última canción se acaban, una cara blanca entonces se da cuenta que no se pueden controlar las percepciones, lastima, estaba en tan buena vibra; ya no me den esa madre, gimotea y se va a recostar de cucharita junto a los ya fulminados beodos.

The Mars Volta es un grupo al cual no se le puede encasillar en un género, y si se le tuviera que hacer, definitivamente yo lo pondría en le género progresivo, su música no tiene una limitante estética. Es progresiva porque siempre están en constante cambio, nunca es igual aunque su estilo se vea marcado; pero en pocas palabras yo definiría a The Mars Volta una pachequez, no necesariamente por la introducción de sustancias ilegales, (ilegales para muchos, no para mí), sino que se trata de la expansión de la conciencia y dejarse llevar por lo abstracto. Un viaje del que Cedric Bixler Zavala y Omar Rodríguez-López aun no salen, viven sumergidos en un país sonoro, en donde no existen las claves, ni las notas, ni las partituras, solo un pedazo de masa musical que ellos se encargan de hacerlo sublime con el único objetivo de tocar el umbral más profundo de su yo interno.
No conozco otro fan más cabrón que Toño, cuenta con cada uno de sus discos, B-sides, sesiones y conciertos, estoy seguro que tiene un muñeco inflable de alguno de sus ídolos, no lo he comprobado pero les prometo indagar más en el asunto; recuerdo perfectamente el día donde bebíamos en un bar medio dark, con tintes oscuros, luces tenues y un valet de malísimo servicio. El bar tenía el nombre de Ciudad Gótica. En el encanto de la embriaguez, se escucharon los primeros acordes de Asilus Magdalena, en un santiamén Toño ya se encontraba contorsionando su cuerpo de perro parado y contagiaba a todos. Para desgracia suya, en el bar se encontraba el famosísimo Chale, quien al ver tanta payasada simplemente se le dio la gana de dirigirse a la rockola y parar Asilus. Todos en el lugar callaron, estaba claro que alguien acababa de romper un sistema ya establecido; Toño no solo vio desmoronar su ilusión de que bailaba junto a Omar Rodríguez y su guitarra, también vio como en la cara de Chale se dibujaba una sonrisa picaresca, casi maliciosa. Fue todo para Toño, iracundo, tomó sus cosas y se largó sin decir palabra. Ahí me convencí que nunca hay que meterse con un fan y por supuesto que nunca hay que llegar al grado del fanatismo, nos hace daño.

Pero para desgracia del lector, y por supuesto para mi, antes debimos escuchar dos grupos: Panda, quien, sin dejo de confianza, me caga, los que lean estas líneas sabrán el por qué y estarán de acuerdo conmigo; no acabando de chingar la mayoría de sus fans son preadolescentes, entonces…imagínense, rodeados de pura chaviza que coreaba cada una de las rolas(que por cierto, se las fusilan, cabrones) con la voz que todavía produce gallos y una hilaridad incomoda para nosotros. Toño, quien es muy inocuo, estaba que se lo llevaba la chingada. Ya préndete un porro, ya no aguanto. Jaja, quisiste estar hasta adelante. Ya, no seas mamón. Jaja. Ah ya estas fumando, pues corre. Jajaja. Venga. De repente, tres pequeñuelas, alborozadas, hilarantes, aún con su carita candorosa, comenzaron a buscar a los maleantes que estaban fumando esa porquería, qué olor tan desagradable, quién es el insensato. Cómo profanan el escenario donde toca Panda!!!. Guey, ya me mal vibré, larguémonos. No, que se vayan ellas. Bueno. Y eso fue lo que pasó, las chiquillas no aguantaron el tufo y se alejaron mientras nosotros preparábamos nuestros oídos para rechazar cualquier onda sonora producida hasta que Mars Volta se presentará. El silencio llegó y todo se vio en blanco y negro.