domingo, 7 de junio de 2009

ULTIMA PARTE : LA PACHEQUEZ BIEN ENTENDIDA...



Acaba The Mars Volta y con ellos una sinfonía de colores, de matices fabricados a partir de instrumentos tocados con prodigiosidad, una parábola sonora perfecta que le provocó a mis oídos uno de los más grandes placeres que hayan tenido. Además acaba un fulgurante encuentro con alguien a quien no conozco, pero que al menos sentí su cuerpo caliente junto al mío, si bien no puedo decir que fue algo realmente sexual, si puedo afirmar que fue algo excitante, llevado al límite; estoy seguro que ella nunca había experimentado un encuentro de ese tipo, incluso podría afirmar que la inocencia apenas abandonaba su mente, su cuerpo. Es por eso que sus manos me jalaban hacía su vientre, disfrutando el momento que quizá nunca volverá a tener, sabiendo que tenía que aprovechar esta oportunidad que solamente se puede comparar con la de un náufrago esperando un barco; solo que aquí en vez de un navío estaba yo, borracho, grifo, extasiado, con una erección más que firme, en medio del mar, buscando una isla virgen. Pero en realidad no es más que una mujer que apenas se quita los fantasmas de los tabúes y goza, experimenta lo que nunca, y lo disfruta tanto que no se quiere despegar, con su cuerpo me dice que me quede o que la lleve conmigo. Pero solo he venido a robar el tesoro, soy un pirata.
Adiós. Ahora vayamos a Groove Armada.


Si bien no quede del todo satisfecho con el pasado encuentro si lo suficientemente contento para llevarme una de las mejores experiencias que he tenido. Y aunque no obtuve una declaración de amor o un beso en los labios, si conseguí una humedad inesperada que en realidad deseaba desde un principio.

Groove Armada ya llevaba tocando unos minutos y yo ya estaba completamente exhausto; en cambio Jaimico ya había resucitado y Miguel se quitaba el desasosiego; los demás estaban allí también y a pesar de que se les notaba el cansancio seguían disfrutando del concierto que ahora proyectaba lindos rayos láser recorriendo todo el campo; verdes como él. Me dediqué a buscar una cerveza que me quitara esta sed; la sed del deseo ya había sido saciada y ahora me deshidrataba a pesar de que ya había oscurecido. El clima era caluroso; si bien el terreno estaba sobre una llanura, el viento no soplaba ni tan fuerte ni tan frío, lo que hacía más apacible el bailar. El beat que producían estos tíos realmente mantenía a todos con un pie zapateando contra el pasto y la mano chasqueando arriba abajo. Un cigarrillo para pasar el rato. Dos mujeres bailan sensualmente mientras doy una bocanada y las imagino danzando, despojándose de sus prendas que en realidad apenas les cubre su bien torneado cuerpo. Pienso en acercarme y ofrecerme para bailar con ellas. Les diré que bailemos al ritmo del humo, donde nada es estable, y todo es impredecible. Tal vez ahora logre un trío. Tal vez mejor me quede aquí a observarlas. Tal vez no tendría la fuerza para manejarlas. Tal vez si. Mejor me quedo y se acaba el asunto, ya tienen pareja. Que habrá pasado con ella, tal vez me este buscando para ofrecerme su casa. Tal vez lo haga para cachetearme por ser tan atrevido. Toño ya no baila. Ya paso su estupor y mejor se sienta.

Las chicas multicolor poco a poco desaparecen, el gran manto negro les quita sus lucidos atuendos y la luna les indica a muchas de ellas que es hora de regresar a casa. Mi casa está muy lejos, saber que el regreso será inmediato, que no habrá tiempo para más provoca que mi cuerpo se contorsione con las últimas fuerzas. Pero entre momentos mis piernas se doblan y me piden a gritos que las deje en paz, los láseres ahora son cada vez más rápidos. La gente se mueve como una gran ola al ritmo de la música. Groove armada esta logrando poner a bailar a todos, cansados o no, están logrando armar un muy buen set, aunque quedé fascinado con los marsvoltianos debo reconocer que éstos están prendiendo mucho más en general, mi hermano me dice que cuando salieron al escenario mucha gente se paro y se fue a verlos. Toño esta en total desacuerdo conmigo, pero ya les dije, con él no se puede.

Pido una última cerveza y me siento porque ya estoy realmente fatigado. Además desde aquí miro mejor lo que quiero mirar y no es precisamente el escenario. Tal vez pase ella, pero no lo creo. Canciones como “Get Down” y “Hands of time” resuenan en mis oídos que ya no soportan, después de lo estrepitoso que fue The Mars Volta, prefieren que los cubra con unos audífonos.

Y ahí me quedo, sentado entre este mar de piernas, entre este choque de universos; esperando a que llegue el final de esta historia. Fat Boy Slim no me produce casi nada; mi cuerpo está partido, cansado, lo único que podría levantarme es el cuerpo de ella, pero ya no está. Y entiendo entonces que soy humano, que no somos eternos, pero que reside en nuestra esencia la eternidad; se que todo es cíclico así que volveré a encontrarla, si no su cuerpo, si encontraré de nuevo ese embeleso, este momento tan grato se repetirá, tal vez no en las mismas circunstancias, pero si en otro viaje. Es hora de regresar; ya no quedan muchas provisiones, sabemos que regresamos siendo diferentes, estamos concientes de que solo con estos viajes llegaremos a experimentar lo fútil que somos, pero también que sólo así entenderemos que somos eternos. Acaso no sabéis que los hombres como nosotros necesitamos los viajes para seguir con vida; los seres eternos como nosotros necesitamos movernos porque la vida en un solo lugar se torna aburrida. Hemos viajado por todo el mundo, hemos conocido a Dios, hemos bajado al inframundo a reírnos de Plutón; por eso hemos inventado tantas cosas, para que la raza humana no se extinga y no nos quedemos solos con nuestra eternidad. He conocido la mierda de la gloria y sólo hallo consuelo escribiendo estas cosas, pero para qué, si nadie por los siglos de los siglos leerá estas memorias pues nunca moriré. Como quisiera que fuéramos un instante tan efímero que sea digno de recordar.