lunes, 2 de marzo de 2009

NO SE EN QUE MOMENTO ESCRIBI ESTO, NI SE COMO PROSIGUE, SE LOS DEJO, DE ANTEMANO ESPERANDO QUE NO LES GUSTE

Aaron se despertó cuando la luz del sol rampante entró por su ventana y le dio directo en los ojos, aquel cuarto oscuro ahora se iluminaba resplandeciente. Regularmente la habitación estaba en penumbra por las gruesas cortinas color sangre que estaban al fondo, pasando los estantes de libros mal acomodados y un armario semiolvidado. Pero esta mañana, las cortinas estaban descubiertas e ineludiblemente se paró de la cama, despabilado. Quizá olvidó cerrarlas el día anterior.
Se dirigió al baño y después de lavarse la cara se sentó en la pequeña silla que estaba junto a su cama, sentarse allí le permitía despertar con más facilidad, sabía que la cama lo dormiría en cuanto pusiese un pie en ella. El alcohol aún recorría su cuerpo, no sabía la hora que llegó a su casa y ahora no encontraba sus gafas; seguro las había olvidado. En la casa de no se quien que quedaba por no sé donde. Apenas ayer se besaba con Sandra, donde también ella besó a Julián; lo peor de todo: ella esperó a que Aron se emborrachara para poderse ir a retozar cual conejo en vida silvestre. Y para joderlo más, se había también llevado sus gafas, y sus ilusiones.


Sandra no era lo que podíamos decir bonita, es más siendo críticos no era nada agraciada y apenas alcanzaba lo simpática; eso era porque tenía una sonrisa muy linda, siempre parecía que estaba amable, de buen humor, sonreía en cualquier circunstancia, seguro era por la seguridad que le daban sus centelleantes dientes. Esos dientes que tenían embobado a Aaron desde hace ya un año, lo sabía porque llevaba la cuenta desde que la conoció y él era muy bueno en el campo de los números. Estaba muy triste porque Sandra estudiaría Biología Marina y se largaría de ahí, y seguramente ella no le pediría que se fuera con él. Además es conciente que ella le advirtió desde el principio sus verdaderas intenciones, nunca serían “novios”, mucho menos irían a la casa del otro. Tampoco caminarían agarrados de la mano, ni se besarían en público. Tampoco tendrían amigos en común y no buscarían al otro en horas de clase. Aaron aún no entendía el porque de las palabras de Sandra, si él prefería estar con ella en vez de estar con sus amigos, que por cierto no eran muchos. La amaba, la respetaba, sentía un cariño sincero por Sandra, aún sabiendo que no era correspondido; por eso, al despertar esa mañana se sintió tan brutalmente solo, desesperado, con una rabia que no era rabia. Era odio, odio por saber que no era para él, porque la veía y sentía cada vez que estaba más lejos, más lejos de poder alcanzarla. La odiaba porque sabía que su corazón nunca la borraría, porque no podía ya seguir su vida sin pensar en ella. También odiaba recordar sus besos y sentirse el hombre más feliz. Porque lo mucho que la odiaba era de igual forma lo manera en que la amaba.

2 comentarios:

  1. ...Así que esa misma noche consumó su amor. Sabía que la única forma de completar el capítulo de ese amor que nació marchito era lo que ya había meditado durante todas esas ocasiones en que fue despreciado; lo único que faltaba era decidir cómo.

    Desde las siete de la noche se encontraba fuera de su residencia, sólo pensando si diría algo, una especie de epílogo para esta historia de mierda, o si simplemente llevaría a cabo su plan. Se escurrió hacia uno de los tantos puntos que había identificado que le permitían espiarla sin ser siquiera percibido por los perros. Más de una vez vaciló en buscarla para darle una última oportunidad de salvar su amor, su vida, con una frase de redención, una frase de aceptación y amor, pero la verdad es que desde que tomó aquel objeto, al salir de su casa y encaminarse a la de ella, ya sabía que no habría marcha atrás, que ya todo estaba resuelto.

    Pasaron horas mientras decidía la forma de hacerlo, hasta que la vio salir al patio trasero. La sorpresa fue tal que se quedó petrificado y no pudo más que seguirla con la vista a través de ese pequeño jardín: le impresionó de tal manera verla encontrarse con una figura desconocida, que acudió de nuevo a todo el amor que sentía por ella para apaciguar el temor de la realidad. No se inmutó al verlos discutir y alegar oraciones que nunca alcanzó a escuchar. Y entonces pasó lo que había presentido al tomar aquel frío objeto en su casa, y que de alguna manera sabía que pasaría inevitablemente esa misma noche.

    Las sombras de las dos personas de tras de esa casa se vieron interrumpidas frente al brillo de un armazón de metal oscuro, luego dos destellos apenas perceptibles en aquella oscuridad inhumana; apenas audibles en la vorágine de ruidos de aquella localidad...

    Luego sólo quedó una mujer que se deshacía en un río de color sangre, con la cara de sorpresa de quien muere joven. Luego sólo quedó un alma destruida por que le quitaron de las manos el destino que había decidido asumir; porque sabía que ese destino se lo arrebató de las manos alguien más que, como él, se había atrevido a amar a alguien que no debía.

    La nota sobre el asesinato de una joven adolescente apareció al otro día en los diarios. Nunca nadie supo qué pasó.

    ResponderEliminar
  2. muy buenito todo lo que escribes y que bien bien que sea de tu autoria si que rifas jaja si que esta interesante!!

    ResponderEliminar