martes, 21 de abril de 2009

LA PACHUEQUEZ BIEN ENTENDIDA Por: Isaac David Pérez Rodríguez


En la época donde el dinero era lo que más me hacia falta, llegó el anuncio del Zero Fest, uno de tantos festivales de música que últimamente han llegado a México trayendo consigo lo mejor de la escena internacional. El saber que en el festival estarían The Mars Volta, Fat Boy Slim y Groove Armada, ocasionó que desesperadamente empezara a conseguir algunos quintos para poder comprar mi entrada, además de los ya mencionados, también tocarían en dicho festival: Ximena Sariñana, joven talento mexicano que tiene el merito de escribir sus rolas, su genero se balancea entre un pop súper producido y un jazz bien ejecutado, como sea yo pienso que es mas jazzista su pedo, no creo que sea de las del montón; Miranda!, grupo argentino comandados por un afeminado con una voz prodigiosa, hay que reconocer que son buenos le pese a quien le pese; Los Dynamite, quienes salieron a la fama en otro festival: el Vive Latino, con un disco bajo el brazo, estos músicos son pura hilaridad; también estaría Zoé, banda mexicana consolidada quizá como las más importante en la escena del rockcito mexicano; por desgracia también estará Panda, de quien hablaremos cuando sea el momento; algunos otros grupos pequeños completaban el cartel, pero esos ni mencionarlos, no son importantes.

Lo que no sabía aún es que sería en Guadalajara en el Club Hípico “Los alamitos”. Para mi pobre fortuna, Guadalajara está a cientos de kilómetros de mi lugar de residencia; sin embargo no era el único que quería ser parte de la gozadera con tan buenos músicos y eso lo supe dos días después del anuncio del festival.
Toño, Bruno y Nadia, y Moy también pretendían ir, lo que significaba que ellos cubrirían la necesidad de transporte, ahora solo faltaba reunir el dinero; durante dos semanas estuve haciendo de correveidile con los vecinos de la unidad en la que vivo, también la hice de ibeme en una imprenta de la Plaza de Santo Domingo, y hasta acepte hacer tareas de niños de primaria para juntar lo que me faltaba; como siempre tuve buena disposición de reunir la plata, mi madre me ayudo con dinero para los viáticos. Y fue así como obtuve mi entrada.
Un día antes de partir, mi hermano Daniel aceptó ir con nosotros, a quien se le sumó el “Tecate” (ignoro por que le dicen así pero es tan chistoso que no importa averiguarlo), Angélica, quien es hermana de Moy y Miguel Perrito, ahora sumábamos ocho.
Lo que pretendo narrar desde este momento fue tal y como lo viví sin querer alterar la historia vivida, sin olvidar que es un cuento lo que escribo, pongo los nombres verdaderota de todos mis amigos a fin de que lo lean y puedan corroborar que la información escrita aquí es fidedigna.

*****
Eran las seis y media de la tarde del viernes, yo me encontraba con un viejo amigo, pasando una buena tarde de tragos esperando a que me llamaran para regresar a casa e irnos a Guadalajara, la tarde, recuerdo, estaba triste, gris, a punto de derramar su llanto, la bóveda celeste ahora estaba tupida de nubes cargadas tal vez de lluvia ácida; como me gustaría ver una tormenta eléctrica, es lo malo de vivir en la Cd. de México, te pierdes de los verdaderos espectáculos de la Naturaleza, aquí lo más probable que puede caer es, como ya lo dije, una lluvia ácida; pero ese viernes no fue así.
De encontrar un cielo totalmente color gris rata al llegar a la cita de los tragos, me encontré con un cielo totalmente despejado al salir de aquel lugar. Mientras estábamos dentro del bar (que por cierto no tenía ni nombre) sentí la sensación de que ese fin de semana sería más que agradable, no se si era por los tragos ya bebidos o por la ansiedad de escuchar buenas bandas, o tal vez por saber que en Guadalajara están las mujeres más bonitas de México (al menos eso me han dicho), pero no, en realidad mi estupor se debió a la chica de la mesa de enfrente, cuya falda dejaba asomar sus bien torneados muslos color arena. La mire de pies a cabeza imaginando que ella era tapatía puesto que en el bar no había una chica que se le asemejara ni un poco a su belleza, de un zape en la cabeza entre en razón y prendí un cigarrillo que inmediatamente compartí con Carlos, mi acompañante de farra. Entonces te vas a Guadalajara, imagínate conectar una nena por allá, jajaja, que te diga que te quedes con ella. Estaría de huevos ¿no? Si, respondí ya un poco ebrio pues ya era la cuarta chela y el segundo vaso de fondo, el camino sería largo y yo quería irme borracho todo el camino, de hecho mi plan era extrovertirme al máximo para que fuera una experiencia única.

En punto de las ocho de la noche recibí la llamada de mi hermano quien me dijo que a las nueve debía estar en casa para no perder tiempo. Faltaba todavía una hora, así que pedimos otra ronda. ¿Tú crees que sería bueno ir a hablar con la chica de la falda?, decirle que vaya conmigo, ¿crees que le guste la aventura? Se ve que si ¿no?... No sé guey se ve medio fresa pero pues vas, al fin ya andamos medio pedos… Me levante de la mesa, con un movimiento hábil saque de mi bolsa un cigarrillo y me acerqué. Ella sabía que me acercaba, lo intuí cuando cambio de posición sus piernas y las cruzo, dejó ver su diminuta ropa interior que apenas le cubría un centímetro de piel y se hizo la desentendida. Hola. Hola. Soy Isaac, te he estado observando desde hace un buen rato, estoy sentado en frente de tu mesa, no se si lo hayas notado… si, si lo noté, de hecho me di cuenta de tus miradas lascivas, ¿así eres siempre? Extendí el cigarro a su mano y ella lo prendió sin vacilar ¿cómo te llamas?... ¿En verdad te importa mi nombre? O es sólo para saber a quien te tiras. De sus gruesos labios salieron dos bocanadas de humo, le siguieron tres grandes sorbos a un vaso con Absolut peach y comenzó a darme un discurso sobre el porqué las mujeres como ella no caen en las garras infectas de un hombre como yo. Sus palabras se consumieron con el cigarro, discurso que pude resumir así: estoy ebria, no me meto con cualquiera pero si me invitas otro trago podemos charlar un poco y a ver que pasa.
Lo único que atiné a decir fue lo hermosas que se le veían las piernas, que yo también estaba borracho y lo único que pretendía era besarla y sacarla de aquel bar hacia una calle oscura donde estaba mi coche, un Pointer rojo, acostumbrado a observar y reservarse cualquier comentario. Yo prefería la verdad simple a rebuscar una mentira compleja, así que ella, gustosa de mi demostración de honestidad, me siguió hasta la puerta del bar, me tomó de la mano y yo volví a preguntar su nombre. Olvídate de mi nombre, es la única vez que nos veremos, crees que en realidad importa, yo no tengo necesidad de saber el tuyo. Y así, sin saber de identidades, las piernas color arena se entregaron al deseo que el alcohol había despertado, despojándose de la falda que las tenía aprisionadas.

2 comentarios:

  1. Cañón... ya me imagino el restooo... bueno... no, contigo no se sabe :D

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  2. Estas super debrayado, esperare la continuación

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