
De todo los que venimos, soy el único al que le gusta la comúnmente llamada mota, pero también hay a quienes les gusta de vez en cuando, uno de ellos es Toño, mira que saco un poco e inmediatamente se me acerca, ya conocen el protocolo. De repente se acerca Moy con toda la calma de un yonqui profesional y me estira la mano. Sorprendido, pues Moy no es de las personas que te piden eso, volteo a ver a Toño, quien sorprendido voltea a ver a Bruno, quien a su vez más estupefacto voltea a ver a Tecate, quien riéndose asombrado voltea a ver a Jaimico, pero lastima, Jaimico y Miguel Perrito ya están totalmente dormidos, out. Se pierden la estoica acción de Moy, quien le da bocanadas al cigarrillo; tres veces y considera que es suficiente, se me acerca Toño y me cuchichea al oído, alcanzó a escuchar que no le de de fumar, pues no está habituado; pero Moy se ve tan feliz que no pronuncio palabra y dejo que el río fluya. Diez minutos después una plasta viscosa cae al suelo exactamente cuando los acordes de la última canción se acaban, una cara blanca entonces se da cuenta que no se pueden controlar las percepciones, lastima, estaba en tan buena vibra; ya no me den esa madre, gimotea y se va a recostar de cucharita junto a los ya fulminados beodos.
The Mars Volta es un grupo al cual no se le puede encasillar en un género, y si se le tuviera que hacer, definitivamente yo lo pondría en le género progresivo, su música no tiene una limitante estética. Es progresiva porque siempre están en constante cambio, nunca es igual aunque su estilo se vea marcado; pero en pocas palabras yo definiría a The Mars Volta una pachequez, no necesariamente por la introducción de sustancias ilegales, (ilegales para muchos, no para mí), sino que se trata de la expansión de la conciencia y dejarse llevar por lo abstracto. Un viaje del que Cedric Bixler Zavala y Omar Rodríguez-López aun no salen, viven sumergidos en un país sonoro, en donde no existen las claves, ni las notas, ni las partituras, solo un pedazo de masa musical que ellos se encargan de hacerlo sublime con el único objetivo de tocar el umbral más profundo de su yo interno.
No conozco otro fan más cabrón que Toño, cuenta con cada uno de sus discos, B-sides, sesiones y conciertos, estoy seguro que tiene un muñeco inflable de alguno de sus ídolos, no lo he comprobado pero les prometo indagar más en el asunto; recuerdo perfectamente el día donde bebíamos en un bar medio dark, con tintes oscuros, luces tenues y un valet de malísimo servicio. El bar tenía el nombre de Ciudad Gótica. En el encanto de la embriaguez, se escucharon los primeros acordes de Asilus Magdalena, en un santiamén Toño ya se encontraba contorsionando su cuerpo de perro parado y contagiaba a todos. Para desgracia suya, en el bar se encontraba el famosísimo Chale, quien al ver tanta payasada simplemente se le dio la gana de dirigirse a la rockola y parar Asilus. Todos en el lugar callaron, estaba claro que alguien acababa de romper un sistema ya establecido; Toño no solo vio desmoronar su ilusión de que bailaba junto a Omar Rodríguez y su guitarra, también vio como en la cara de Chale se dibujaba una sonrisa picaresca, casi maliciosa. Fue todo para Toño, iracundo, tomó sus cosas y se largó sin decir palabra. Ahí me convencí que nunca hay que meterse con un fan y por supuesto que nunca hay que llegar al grado del fanatismo, nos hace daño.
Pero para desgracia del lector, y por supuesto para mi, antes debimos escuchar dos grupos: Panda, quien, sin dejo de confianza, me caga, los que lean estas líneas sabrán el por qué y estarán de acuerdo conmigo; no acabando de chingar la mayoría de sus fans son preadolescentes, entonces…imagínense, rodeados de pura chaviza que coreaba cada una de las rolas(que por cierto, se las fusilan, cabrones) con la voz que todavía produce gallos y una hilaridad incomoda para nosotros. Toño, quien es muy inocuo, estaba que se lo llevaba la chingada. Ya préndete un porro, ya no aguanto. Jaja, quisiste estar hasta adelante. Ya, no seas mamón. Jaja. Ah ya estas fumando, pues corre. Jajaja. Venga. De repente, tres pequeñuelas, alborozadas, hilarantes, aún con su carita candorosa, comenzaron a buscar a los maleantes que estaban fumando esa porquería, qué olor tan desagradable, quién es el insensato. Cómo profanan el escenario donde toca Panda!!!. Guey, ya me mal vibré, larguémonos. No, que se vayan ellas. Bueno. Y eso fue lo que pasó, las chiquillas no aguantaron el tufo y se alejaron mientras nosotros preparábamos nuestros oídos para rechazar cualquier onda sonora producida hasta que Mars Volta se presentará. El silencio llegó y todo se vio en blanco y negro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario