Por culpa de la astenia no hablaré de lo que sucedió cuando tocó Zoé, además ya todos saben como es la onda. Discúlpenme. Diez minutos y los marsvoltianos aparecen. Toño mira segundo a segundo su reloj. Va y viene gente. Con comida. Con alcohol. Tapatías fulgurantes esparcidas por el terreno. Cadenciosas. Multicolores. La luna apartando nubes nos da su saludo. Mi hermano perdido bajo el manto negro. Tal vez dormido. Aullidos. Griterío constante. Con suerte estamos hasta adelante. Toñito se emociona con disimulo. Ahora cuenta tres minutos. Desesperación. Ansiedad. Risas. Pero lo que más abunda son mujeres, y yo que venía de abstemio. Al carajo. Lo bueno que siempre cargo unos dados para las decisiones difíciles. Un porro con Mars Volta. Un porro con Toño y Mars Volta. Un porro con ella y Mars Volta. El azar es el azar.
Pues salí ganando. Fumamos un poco los tres. Comenzó el viaje marsvoltiano y con él los remolinos, los huracanes que produce la gente en su sopor. Tanto ir y venir me aleja de Toño. Me dejo llevar por la intensidad. Ya no existen estructuras posibles, pareciera que todo se sostiene en un gran castillo de naipes. Busco campos en los cuales pueda ser libre, incluso libres de mi mismo, Omar y Cedric me reinterpretan y me muestran un pedazo de esa libertad. Ahora estoy exactamente atrás de ella, ahora es tangible, mi respiración esta tan cerca de su cuello que puedo ver como se erizan sus vellos más finos. Vienen amigas y amigos con ella, dos a mi izquierda, dos a mi derecha. De algún modo logran alejarme de ella, y me miran como se mira a un chilango. Otra vez el nombre es lo menos importante, aquí, donde solo es un pasaje fugaz entre tantos otros, un instante de insana locura, un efímero pedazo de felicidad; jamás la volveré a ver. Me acerco de nuevo, al ritmo de Omar Rodríguez, logro divisar a Toño otra vez con movimientos de serpiente. Simulo un empujón y me establezco rozando sus caderas. Me mal miran. Hago los clásicos movimientos de un concierto y entre tanto disimulo mi mano se instala en la cadera perniciosa que me aguarda con un movimiento ondulante. Me acerco a su oído y respiro con tal intensidad que voltea su rostro para saber quien le causo tal regocijo. Le sonrío, por alguna razón no se ofende ni mucho menos se siente acosada, al contrario, poco a poco empieza a flirtear conmigo, acomoda sus caderas de tal forma que roza mi sexo, que ya empieza ponerse duro con el roce de aquel cuerpo desconocido. Ella lo siente y no se inmuta sino que voltea de nuevo y me sonríe con un aire de complicidad. Se frota, se mueve al ritmo de “Roulette dares”, otra vez el movimiento ondular de la gente me aleja. Se da cuenta que me separé y voltea disimuladamente como quien se desorienta en medio de una ciudad desconocida y busca desesperadamente tranquila un letrero, un indicio que le diga que no está perdida. Otra vez llego atrás de ella, sus amigos un poco fatigados dejan que haga lo que quiera. Ella no tiene problema en aceptarlo.
Resuena “Wax Simulacra” en mis oídos. Jamás había sentido esta sensación de quedarse en un instante para siempre, esta sensación de existir en la no existencia, saxofones resoplando, batería explotando, platillos explotando, guitarras reverberando, estruendos, la pachequez llevada al plano musical, una sinfonía de ruido, es música para mí, tan solo ruido para los demás ahora más que nunca me siento eufórico, complacido. Mis manos, puestas en su cadera se mueven a un ritmo vertiginoso, recorriendo toda la planicie que forma su piel, de norte a sur, de este a oeste. Sintiendo al mismo tiempo el estupor que me causa la música de fondo; pegándola hacía mi cada vez un poco más, diciéndole con el movimiento corporal lo excitado que estoy, y lo poco razonable que ahora soy. Su respuesta es más que genial, pues, con los efectos de la droga en su mente y lo poco habituada que esta a consumirla, ahora es una vorágine de vibraciones, palpitaciones estremecedoras, una terminación nerviosa en su totalidad. Entonces entra” Goliat” al mismo tiempo que ella entra al juego y toma mi mano y con ella recorre su cuerpo, la aprieta cuando llega a uno de sus pechos, los acaricia, con uno de mis dedos roza su pezón hinchado, me lo imagino un café claro. La otra mano, mientras tanto recorre su pubis, claro no en su totalidad puesto que ella quiere que sea así, por mi no hay problema. Poso mi mano en una de sus nalgas y ella me toma del centro del cuerpo y me aprieta con tanta fuerza que temo que le corte la sangre, se maneja de una manera cadenciosa, ahora su respiración estalla en mi oído a una velocidad anormal; en su agitada cara puedo ver los signos del éxtasis. Ahora quisiera darle de lo que tengo yo, la aprieto y me aproximo hacia ella con una ferocidad tremulante. Resiste el embate pero me advierte que lo haga de nuevo. Una y otra vez es lo mismo, en cada acorde, en cada aplauso nos volvemos totalmente erógenos, ya no nos despegamos por más insistencia que hagan sus amigos. El mío, no hace problema, ahora esta completamente loco y desatado, casi puedo ver como despega sus pies del suelo, levitando, no les digo que es el fan más cabrón que conozco, pues bueno, mientras yo sigo jugueteando con ella, él canta cada uno de los versos. Simula tocar la guitarra. Hace los movimientos propios de un saxofonista. Se autonombra Toño-Cedric. Grita. Mucha gente lo ve raro y no porque sea tan fan, lo ven raro porque parece extranjero, sus ojos rasgados hacen que se adueñe del gentilicio de Vietnam. Al escribir este cuento, él tenía una invitación por parte de la embajada de China en México para hacer de voluntario en sus juegos de verano. Bueno, la verdad eso nunca pasó, exageré un poco, es que todos los días debe lidiar con comentarios de ese tipo. De regreso a mi encuentro, la chica sin nombre, exhausta porque seguramente esto es nuevo para ella, me pide unos minutos para descansar y encontrar el rumbo de su conciencia pedida desde hace ya un rato. También yo tomo aire, pues la jornada de por si ha sido extenuante. Pasa un cervecero y le pido una. Dos tragos y llega a la mitad. Vaya que tenía sed. Me pregunto qué será de Jaimico, también estará disfrutando de esta experiencia inolvidable, o quizá ya esté totalmente aldehído. Qué será de los demás. De repente siento nostalgia por saber en que ocuparan este momento tan grato. Despreocúpate, seguro lo pasan bien, relájate. Mientras mi mente cavila estas palabras, Mars volta tiene extasiados a todos los presentes, realmente están dejando un grato sabor de boca en toda la gente, todo se convierte en una especie de comunión, claro hay quienes se la pasan gritando pendejadas como: ya bájate! Y mamadas de esas. Me doy cuenta el porque son progresivos, porque avanza, evoluciona, no se detienen ni conocen limites ni fronteras; baste escuchar este show para acceder al viaje sin retorno. En ese momento se acerca ella y disimuladamente se posa frente a mí, esperando que yo me acerque a ella con la dureza de hace un rato.
Apenas le he visto la cara, pero su respiración y sus formas me cautivan de tal forma que enseguida me pego de nuevo con una erección demasiado firme. Ella lo siente y suelta un sonrisa, una más de las que ha soltado disfrutando de la firmeza de mi sexo, regocijándose en los goznes del placer con un extraño. Ahora ella es la que hace los movimientos, ondulados, de atrás hacia adelante, arriba y abajo. Yo sólo disfruto, es un placer sumamente extraño pero que no por eso me desagrada, lo que me gusta es que somos cómplices sin saber lo que pasa en realidad, sin hablar de complicidad, no quiero que acabe The Mars Volta, puesto que será el fin inminente de este encuentro casual. Por eso lo disfruto tanto, llego a su oído y le digo de las ganas que tengo de eyacular y entonces ella se mueve frenéticamente tratando de que lo haga mientras se frota. Me agarra las nalgas y me aprieta contra ella de una forma más que fuerte, incluso siento como hace un esfuerzo mayor para mantenerme ahí, atrás de ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

:O Ragazzo, estoy muy confundida... aunque sé que posible es, no concibo la idea de que algo mejor pueda venir. Gratamente complacida... Y parece que lo volviste a vivir... detalles narrativos sumamente finos... en esta sí... pareciera que yo fui con ustedes.
ResponderEliminar